Tanto la evaluación privada como la social, si se realizan aplicando el análisis beneficio– costo (ABC), se pueden reducir a dos preguntas clave:
a) ¿Cuál es el flujo de fondos relevante?
b) ¿Cuál es la tasa de descuento relevante?
Para responder a la primera pregunta, debemos determinar qué hay dentro del flujo de fondos, esto es, incluir en el mismo los efectos–costos y beneficios–relevantes para el involucrado cuyo enfoque estamos privilegiando. En el segundo caso, debemos establecer la tasa de descuento apropiada que mida el costo de oportunidad de uso de los recursos, también para el involucrado relevante.
Apuntes de la materia de Preparacion y Evaluacion de Proyectos.
miércoles, octubre 7
martes, octubre 6
La economía de la evaluación social - La decisión social (IV)
Respecto de la primera, cada vez más se reconoce que el viejo modelo de “homo oeconomicus”, donde cada individuo toma en cuenta sólo lo que a él le afecta, ha dado paso a un “homo socialis”: cada individuo incluye en su función de utilidad individual el efecto de las acciones colectivas sobre otros. La solidaridad es un valor en alza, de modo que “nadie es una isla” y las campanas suenan por todos nosotros.58 Vg., a mucha gente le preocupa el bienestar de los niños de la calle y aumenta el suyo propio si éstos están bien atendidos.
En cualquier caso, en la vida real la función de bienestar social se construye (o, mejor, los proyectos se eligen) como si no hubiera mucha contradicción entre ambas situaciones. Que tal camino pase por aquí o no se decide muchas veces por votación, habiéndose informado “el respetable” de los potenciales costos y beneficios de cada traza. En otros temas (digamos, fumar en sitios públicos, usar cinturón de seguridad o drogarse–aún en privado–), la sociedad adopta un conjunto de valores que en muchos casos colisiona con el de una parte significativa de sus miembros, y refuerza sanciones, prohibiciones o propone usos forzosos, buscando el bienestar social.
Así se ignora la pesimista conclusión de Arroz, en su famoso teorema de imposibilidad: no existe posibilidad de encontrar una función social que cumpla con un mínimo de posibilidades lógicas, tales como el evitar llegar a resultados paradójicos (preferencias inconsistentes), que no quede excluido ningún tipo de preferencias, que la decisión entre dos alternativas no dependa de terceras alternativas no relacionadas, o que la voluntad de uno no se imponga al grupo (no dictadura). Véase Pasqual (1999) para más detalles.
Esa ignorancia es en parte algo afortunado, pues evita el inmovilismo. Como señala Pasqual, “[l]os teoremas de imposibilidad citados [Arrow, Gibbard-Satterhwaite, Sen] son de
aplicación general, de manera que demuestran que ni es posible que el mercado realice asignaciones sin incurrir en resultados paradójicos [o no aceptables socialmente], ni hallar un sistema de votaciones satisfactorio, lo que no impide hacer un uso inteligente del mercado ni el empleo de votaciones para resolver determinadas cuestiones.” (Pasqual, 1999: 92, nuestras cursivas)
En cualquier caso, en la vida real la función de bienestar social se construye (o, mejor, los proyectos se eligen) como si no hubiera mucha contradicción entre ambas situaciones. Que tal camino pase por aquí o no se decide muchas veces por votación, habiéndose informado “el respetable” de los potenciales costos y beneficios de cada traza. En otros temas (digamos, fumar en sitios públicos, usar cinturón de seguridad o drogarse–aún en privado–), la sociedad adopta un conjunto de valores que en muchos casos colisiona con el de una parte significativa de sus miembros, y refuerza sanciones, prohibiciones o propone usos forzosos, buscando el bienestar social.
Así se ignora la pesimista conclusión de Arroz, en su famoso teorema de imposibilidad: no existe posibilidad de encontrar una función social que cumpla con un mínimo de posibilidades lógicas, tales como el evitar llegar a resultados paradójicos (preferencias inconsistentes), que no quede excluido ningún tipo de preferencias, que la decisión entre dos alternativas no dependa de terceras alternativas no relacionadas, o que la voluntad de uno no se imponga al grupo (no dictadura). Véase Pasqual (1999) para más detalles.
Esa ignorancia es en parte algo afortunado, pues evita el inmovilismo. Como señala Pasqual, “[l]os teoremas de imposibilidad citados [Arrow, Gibbard-Satterhwaite, Sen] son de
aplicación general, de manera que demuestran que ni es posible que el mercado realice asignaciones sin incurrir en resultados paradójicos [o no aceptables socialmente], ni hallar un sistema de votaciones satisfactorio, lo que no impide hacer un uso inteligente del mercado ni el empleo de votaciones para resolver determinadas cuestiones.” (Pasqual, 1999: 92, nuestras cursivas)
lunes, octubre 5
La economía de la evaluación social - La decisión social (III)
En consecuencia, ¿de quién son las preferencias que se representan en la función de bienestar social? Básicamente, de los involucrados en el proyecto. Pero como estamos haciendo una evaluación social, los involucrados son toda la sociedad. El problema es que las preferencias de los involucrados directos – beneficiarios o perjudicados por el proyecto–no tienen por qué coincidir con la de los involucrados más alejados, digamos “el resto” de la sociedad.
La solución sería la existencia de preferencias “sociales”, es decir, preferencias diferentes a las individuales. La pregunta que surge–y que no es sencilla de responder–es ¿tiene sentido hablar de preferencias sociales? ¿Qué características tienen?
Hay aquí dos posiciones no necesariamente antagónicas en la práctica, pero difíciles de compatibilizar a nivel teórico.55 La primera posición es la que entiende las preferencias sociales como una escala de preferencias supraindividuales. La sociedad se entiende así como un colectivo con sus propios valores, que no son la suma de los valores individuales, sino los acordados por consenso.56 Una vez establecidos los valores sociales, se toman como criterio de selección de los proyectos. En consecuencia, la función de bienestar social surgiría de la definición de una escala de valores “sociales”, supraindividuales.57
Un punto de vista diverso observa a las preferencias sociales como una agregación de preferencias individuales. Así, la función de bienestar social surgiría como la suma de utilidades individuales; y reflejaría lo que la “mayoría” prefiere. Aquí surgen dos cuestiones adicionales: ¿el individualismo es una versión “culta” del egoísmo más desenfrenado? ¿Cómo definir qué es la mayoría?
La solución sería la existencia de preferencias “sociales”, es decir, preferencias diferentes a las individuales. La pregunta que surge–y que no es sencilla de responder–es ¿tiene sentido hablar de preferencias sociales? ¿Qué características tienen?
Hay aquí dos posiciones no necesariamente antagónicas en la práctica, pero difíciles de compatibilizar a nivel teórico.55 La primera posición es la que entiende las preferencias sociales como una escala de preferencias supraindividuales. La sociedad se entiende así como un colectivo con sus propios valores, que no son la suma de los valores individuales, sino los acordados por consenso.56 Una vez establecidos los valores sociales, se toman como criterio de selección de los proyectos. En consecuencia, la función de bienestar social surgiría de la definición de una escala de valores “sociales”, supraindividuales.57
Un punto de vista diverso observa a las preferencias sociales como una agregación de preferencias individuales. Así, la función de bienestar social surgiría como la suma de utilidades individuales; y reflejaría lo que la “mayoría” prefiere. Aquí surgen dos cuestiones adicionales: ¿el individualismo es una versión “culta” del egoísmo más desenfrenado? ¿Cómo definir qué es la mayoría?
domingo, octubre 4
La economía de la evaluación social - La decisión social (II)
Esto es fácil de plantear, pero muy difícil de realizar en la práctica. Hay por lo menos tres cuestiones espinosas:
• Cuestión 1: ¿Qué significa “representar las preferencias”?
• Cuestión 2: ¿De quién son las preferencias que se representan?
• Cuestión 3: ¿Tiene sentido hablar de “preferencias sociales”? ¿Podemos captarlas en una función?
Que la función objetivo represente las preferencias significa que, dadas unas preferencias acerca de diferentes estados futuros, la función objetivo asigna valores mayores a los estados preferidos. Entonces, encontrar el estado factible que maximiza la función objetivo implica encontrar el estado factible preferido.
El problema que se presenta es cómo asignar esas preferencias, cómo valorizar los estados futuros: ¿es preferible el proyecto A, que reduce la tasa de criminalidad en α% pero incrementa las violaciones de derechos humanos en β%, o el proyecto B, que reduce la tasa de criminalidad en χ%, sin afectar los derechos humanos? Como (¿obviamente?) β > χ, establecer preferencias entre estos estados futuros es muy difícil. El problema se complica aún más porque las preferencias individuales no son homogéneas.
• Cuestión 1: ¿Qué significa “representar las preferencias”?
• Cuestión 2: ¿De quién son las preferencias que se representan?
• Cuestión 3: ¿Tiene sentido hablar de “preferencias sociales”? ¿Podemos captarlas en una función?
Que la función objetivo represente las preferencias significa que, dadas unas preferencias acerca de diferentes estados futuros, la función objetivo asigna valores mayores a los estados preferidos. Entonces, encontrar el estado factible que maximiza la función objetivo implica encontrar el estado factible preferido.
El problema que se presenta es cómo asignar esas preferencias, cómo valorizar los estados futuros: ¿es preferible el proyecto A, que reduce la tasa de criminalidad en α% pero incrementa las violaciones de derechos humanos en β%, o el proyecto B, que reduce la tasa de criminalidad en χ%, sin afectar los derechos humanos? Como (¿obviamente?) β > χ, establecer preferencias entre estos estados futuros es muy difícil. El problema se complica aún más porque las preferencias individuales no son homogéneas.
sábado, octubre 3
La economía de la evaluación social - La decisión social (I)
La evaluación de proyectos requiere definir una función objetivo, es decir, una pauta de deseabilidad, contra la cual comparar el impacto de las alternativas de proyecto. En la empresa privada, la función objetivo es clara; como ya vimos, se trata de maximizar la riqueza total generada por el proyecto, expresada en unidades monetarias de hoy. Así, los proyectos son convenientes si aumentan la riqueza de la empresa, o sea de los accionistas.
En el caso de la evaluación social, la cuestión no es tan clara. Es más o menos obvio que se busque maximizar la riqueza social; el problema es que no es tan fácil definirla, ni evitar la cuestión de cómo afecta el proyecto la distribución de la misma. ¿Cómo evaluar un proyecto que busque redistribuir la riqueza, y no genere ninguna (adicional)?
El punto crítico, entonces, es definir una función objetivo social –una función de bienestar socia – que incluya, por ejemplo, tanto la riqueza como su distribución. La función objetivo sirve para representar las preferencias entre estados alternativos de la economía (con y sin proyecto). Conocida la función objetivo, sólo restaría ver qué proyectos la maximizan.
En el caso de la evaluación social, la cuestión no es tan clara. Es más o menos obvio que se busque maximizar la riqueza social; el problema es que no es tan fácil definirla, ni evitar la cuestión de cómo afecta el proyecto la distribución de la misma. ¿Cómo evaluar un proyecto que busque redistribuir la riqueza, y no genere ninguna (adicional)?
El punto crítico, entonces, es definir una función objetivo social –una función de bienestar socia – que incluya, por ejemplo, tanto la riqueza como su distribución. La función objetivo sirve para representar las preferencias entre estados alternativos de la economía (con y sin proyecto). Conocida la función objetivo, sólo restaría ver qué proyectos la maximizan.
viernes, octubre 2
La economía de la evaluación social - Fuentes de divergencia entre la evaluación privada y la social (VI)
b) Desequilibrios: Los mercados perfectamente competitivos “se vacían” cuando se alcanza un precio de equilibrio. En la vida real, sin embargo, ni los bienes son totalmente vendidos, ni los recursos usados completamente: el desempleo y la subutilización de recursos son problemas habituales. Estos se originan en imperfecciones de los mercados,
y generan asignaciones de recursos que no son óptimas desde el punto de vista social.
La consecuencia de todas estas imperfecciones es que si evaluamos un proyecto sólo con los valores de mercado podemos llegar a situaciones que no son óptimas–incluso ni siquiera subóptimas–para la sociedad. La metodología de la evaluación social intenta incorporar en los proyectos, sean privados o públicos, los efectos que el enfoque privado deja, naturalmente, sin analizar, corrigiendo las distorsiones.
y generan asignaciones de recursos que no son óptimas desde el punto de vista social.
La consecuencia de todas estas imperfecciones es que si evaluamos un proyecto sólo con los valores de mercado podemos llegar a situaciones que no son óptimas–incluso ni siquiera subóptimas–para la sociedad. La metodología de la evaluación social intenta incorporar en los proyectos, sean privados o públicos, los efectos que el enfoque privado deja, naturalmente, sin analizar, corrigiendo las distorsiones.
jueves, octubre 1
La economía de la evaluación social - Fuentes de divergencia entre la evaluación privada y la social (V)
Mercados incompletos: El mercado no proporciona necesariamente todos los bienes para los que hay demanda, aun cuando el costo de ofrecerlos sea menor que el precio que están dispuestos a pagar los consumidores. Un caso típico es el crédito, donde parte de los demandantes quedan fuera del mismo, no siempre por una cuestión de falta de rentabilidad para el oferente, sino por imperfecciones del mercado–falta de información, diseño inapropiado de productos–que segregan a un tipo de demanda.
Impuestos y subsidios: La mayoría de los impuestos son “discriminatorios” o “distorsionantes”, en el sentido de que afectan el precio de mercado no para corregir una distorsión sino con fines recaudatorios, afectando la conducta de los individuos.53 Como consecuencia del impuesto, los precios de mercado ya no reflejan la valoración social de los bienes y recursos, sino un precio “mentiroso”.
Fallas de información: Como en el caso anterior, las fallas en la transmisión de información, o la falta de la misma, genera imperfecciones en el mercado que lleva a una provisión socialmente inadecuada de los bienes. Los participantes no producen o consumen todo lo socialmente deseable.
Impuestos y subsidios: La mayoría de los impuestos son “discriminatorios” o “distorsionantes”, en el sentido de que afectan el precio de mercado no para corregir una distorsión sino con fines recaudatorios, afectando la conducta de los individuos.53 Como consecuencia del impuesto, los precios de mercado ya no reflejan la valoración social de los bienes y recursos, sino un precio “mentiroso”.
Fallas de información: Como en el caso anterior, las fallas en la transmisión de información, o la falta de la misma, genera imperfecciones en el mercado que lleva a una provisión socialmente inadecuada de los bienes. Los participantes no producen o consumen todo lo socialmente deseable.
La falta de información genera consumos en exceso o defecto de lo socialmente óptimo. El cigarrillo puede ser nuevamente un ejemplo: cuanta menos gente conozca la influencia del tabaco en la generación de enfermedades, más gente fumará “inocentemente”.
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